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the Degree Confluence Project
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Argentina : Catamarca

12.9 km (8.0 miles) SSE of Ampajango, Catamarca, Argentina
Approx. altitude: 3257 m (10685 ft)
([?] maps: Google MapQuest OpenStreeMap ConfluenceNavigator)
Antipode: 27°N 114°E

Accuracy: 3.7 km (2.3 mi)
Quality: good

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#2: Cabalgando hacia la confluencia -Riding to the confluence #3: Evidencia GPS (Perdón por la mala foto) - GPS evidence (Sorry by the blurred picture) #4: Transitando el río Ampajango - Circulating by the Ampajango river #5: Nuestro guía, Jorge Villanueva - Our guide, Jorge Villanueva #6: Regresando casi al anochecer - Returning almost at dusk #7: El track verde indica hasta donde llegamos a 3.96 km de la confluencia - Green track shows until we arrived ay 3.96 km of the confluence #8: Transitando el río Ampajango - Circulating by the Ampajango river #9: Segundo cardón más alto de Sudamérica - Second highest Cardon of South America

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  27°S 66°W (incomplete) 

#1: La confluencia está sobre este afluente cuatro km más adelante - Confluence is on this afluent four kilometers ahead

(visited by Sergio Ruben Zerega, Hugo Perret, Pablo Zerega and Jorge Villanueva)

24-Jul-2018 --

English narrative

LA CABALGATA

Veníamos de capturar exitosamente la confluencia 28°S 66°O el día anterior.

Después de pernoctar en Buena Vista y de alguna fallida incursión por un camino minero, hicimos un lindo recorrido offroad por Punta de Agua y recorrimos la imponente y extensa Cuesta de la Chilca que nos depositó en Andalgalá. De allí a Belén y previo almuerzo en el cauce del río homónimo seguimos hasta Punta de Balasto, ya sobre la mítica RN40, trámite veloz que culminó al encontrar el vado del río Ampajango en cuyo alta cuenca se encontraba nuestra confluencia.

Sin siquiera dudarlo, en lugar de aproximarnos por una huella que nos podía guiar fácilmente los primeros cinco kilómetros de remontada, nos metimos en el cauce pensando que mientras nos divertíamos esquivando piedras, de paso nos íbamos entrenando para mañana.

Los primeros dos kilómetros no fueron muy difíciles pero a partir de allí las piedras cobraron enormes tamaños y si bien no era imposible, no se justificaba avanzar por allí si teníamos una opción más sencilla que al menos nos achicaba el primer tramo de acercamiento. Volvimos de nuevo sobre nuestros pasos y siguiendo la RP40 unos kilómetros hasta el paraje El Desmonte, de donde salía la huella que encontraba el río Ampajango cinco kilómetros aguas arriba de donde lo habíamos encarado.

Rápidamente cruzamos el caserío de Ampajango, donde todos seguramente se preguntaron qué hacían dos chatas pasando raudamente por allí rumbo al río, donde sabíamos que había una cisterna muy grande. La huella se puso paralela a una tubería metálica de 60 cm de diámetro que indudablemente partía de la cisterna y finalmente nos acercó a la vera del río, donde una rejilla se “tomaba” toda el agua del río.

El panorama fue completamente desolador para nuestras intenciones: las piedras del río eran del tamaño de las camionetas y ni siquiera se podía pensar en bajar al cauce y estábamos a once kilómetros en línea recta de la confluencia y ochocientos metros más abajo. La caminata, de encararla sería mortal y encima sin garantías de cómo sería mucho más arriba. No obstante estábamos pensando en hacerla igual de alguna manera.

Todavía albergábamos la esperanza que hubiese algún acceso no reconocible en las satelitales, que permitiese llegar con las chatas con esfuerzo a la especie de finca arbolada que detectamos a solamente cuatro kilómetros de la confluencia y entonces, desde ahí emprender el trekking.

Volvimos a Ampajango con la idea de averiguar un poco y después de un par de consultas, dimos con la familia Villanueva, que era propietaria de un puesto en alta montaña, más o menos cerca de nuestro objetivo. Desafortunadamente nos confirmaron que no había huellas vehiculares para meterse en aquella zona y que la forma que ellos accedían era a caballo. Inmediatamente se nos ocurrió ¿por qué no a caballo? Y le propusimos a Villanueva si para mañana no podía conseguirnos tres caballos y un guía para tratar de llegar a…, bueno no les cuento lo difícil que fue explicarle adonde queríamos ir.

La cuestión que nos dijo que sí, pero que necesitaba tiempo para reunirlos y que volvamos mañana cerca de la una de la tarde. Nos pareció muy tarde, pero no quisimos apurarlo para que no se eche para atrás.

Nos fuimos a Santa María a buscar dónde dormir y descansar lo suficiente. Ahora teníamos la gran esperanza de mañana poder hacer la captura .El pronóstico decía que iba a hacer mucho frío el día siguiente.

Santa María es una ciudad bastante grande con una plaza deslumbrante; allí nos alojamos en un hotel céntrico y salimos a tomar algo caliente antes de acostarnos ya que no íbamos a cenar porque el almuerzo había sido medio tarde y no había hambre. Había que estar livianitos para mañana…

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Nos levantamos temprano con algunos grados bajo cero y decidimos ir directamente a Ampajango a “presionar” amablemente a nuestro amigo Jorge Villlanueva y tratar de adelantar la partida.

Solamente hicimos un poco de tiempo recorriendo las localidades de Lampacito, Famatanca y Andalhuala, donde tuvimos oportunidad de conocer al segundo cardón más alto de Sudamérica.

Por una huella medio perdida pudimos desplazarnos desde Andalhuala hasta Ampajango, donde llegamos a eso de las diez; por supuesto los caballos no estaban aún. Hablamos con Jorge y nos dijo que pronto los tendría, así que aprovechamos a preparar las mochilas; a las once aparecieron las caballos y a las once y media los montamos y salimos desde ahí, estando a catorce kilómetros de la confluencia.

Tendríamos a tener que tener mucha suerte para poder llegar y volver no demasiado tarde, ya que no íbamos preparados para pasar una noche a la intemperie arriba en las montañas, con el clima frío que reinaba.

Lentamente, entre 4 y 6 km/h de promedio, la caravana de noveles jinetes comandada por Jorge, avanzaba hacia la confluencia: primero pasamos por la zona de la cisterna que habíamos explorado ayer y desde allí ascendimos por los filos de la margen norte del Ampajango por una huella de herradura que subía sin prisa pero sin pausa en sentido hacia el este.

Arrancamos desde 2100 msnn y teníamos que subir a 3200 msnm si el éxito nos sonreía. Veíamos el Ampajango muy abajo con agua corriendo a mucha velocidad, lo que denotaba la fuerte pendiente de su cauce. Era bastante adrenalítico observar los precipicios a los costados de la senda, dependiendo nuestra suerte de la habilidad de los caballos…

Un afluente importante del río nos complicó la vida ya que debimos bajar a su cauce y luego volver a subir; Jorge nos hizo apear de los caballos por seguridad: La bajada y la subida eran muy escarpadas como para hacerlo en el lomo de los animales. A unos ocho kilómetros de la confluencia nos sorprendió un puesto habitado en el medio de la nada pero seguimos de largo, el tiempo nos apremiaba.

Llegamos a otro puesto deshabitado en donde el río Ampajango tuerce hacia el norte y donde un afluente le apunta derecho a la confluencia, distante todavía 6 kilómetros. Cruzamos el río y comenzamos a seguir el afluente, primero por los filos de su margen sur, donde a poco de andar encontramos otro puesto deshabitado, desde donde bajamos al cauce del afluente, ya que allí finalizaba la senda de herradura. Seguimos remontándolo pero ahora muy despacio ya que al no haber huella, los caballos iban a un ritmo menor, a tal punto que a 4.5 kilómetros decidimos dejar que descansen y continuar a pie.

Estábamos con el tiempo justo para regresar a la nochecita si no había dificultades, así que dejamos a Jorge esperando y salimos a caminar sabiendo que sería muy difícil lograrlo, ya que no sólo había que caminar 4.5 kilómetros sino que teníamos que subir unos 400 metros; en la confluencia anterior 28°S 66°O para lo mismo, ir y volver nos había llevado más de cuatro horas y sólo disponíamos de poco más de dos horas para regresar a caballo sin riesgos sin tener que dormir a la intemperie con algunos grados bajo cero.

La cuestión que avanzamos algo menos de un kilómetro por el cauce, el cual fluctuaba entre amplios cauces serpenteantes y estrechas gargantas, a veces de un par de metros de ancho y nos topamos con un obstáculo insalvable, al menos para nuestras previsiones y tiempos: una cascada vertical y lisa de casi tres metros de altura. Game Over a 3.7 km de la confluencia para este intento, aunque tal vez haya sido una suerte que nos evitó meternos en problemas.

Volvimos adonde Jorge, que habíamos dejado muy preocupado porque nunca creyó que volveríamos tan rápido y emprendimos el regreso sin gloria desandando exactamente el camino de ida, solo que en su parte final nos alcanzó el ocaso de la tarde y con ello el frío, que sumado al cansancio de los jinetes inexpertos nos hizo desear intensamente llegar al poblado de Ampajango, lo que logramos ya de noche.

En definitiva, un exitoso fracaso, ya que si bien no logramos el objetivo de la confluencia, hicimos una experiencia inolvidable cabalgando entre las montañas por increíbles paisajes y además ahora ya sabemos cómo haremos cuando volvamos a intentarlo.

Nos despedimos de Jorge, a quien le agradecimos enormemente su colaboración a nuestra aventura y nos fuimos muy cansados de nuevo a Santa María para cenar y reponernos del cansancio de la novedosa aventura a caballo.

Sin duda volveremos el año próximo, después de las lluvias de verano, mejor preparados para lograr el éxito.

English narrative

THE RIDES

We went to capture successfully the confluence 28°S 66°W the day before.

After overnight staying at Buena Vista, we did some failed raid by a mining path and then a beautiful off road track to Punta de Agua before driving by the formidable and long “Cuesta de La Chilca” that to place us at Andalgalá. From there to Belén and previous luch at riverbed of homonymous river, we continued to Punta de Balasto, where a few kilometers after, we found the ford of the Ampajango river, whose high watershed hosted our next confluence.

Without any doubt, instead of getting close by an easy path that could make it easy for the first five kilometres, we got directly into the riverbed believing it a training for the next day, while we enjoyed leapfrogging rocks.

First two kilometers weren´t too difficult, but from that point the stones started to become of enormous sizes. Although it wasn’t impossible to drive, it was unjustified to go ahead by that path, having a road to approach the first part. So, we got back over our footsteps to NR40 and after some kilometers, we found the town of “El Desmonte” where the road that found Ampajango river five kilometers upstream that we first attempted, was born.

We quickly crossed through the Ampajango hamlet, where everybody was probably asking themselves about two 4WD cars passing expeditiously to the river, where we looked for a big cistern for irrigation that we had detected by Earth Google, aside the riverbank. The path became parallel to a pipe of 60 centimeters of diameter that undoubtedly departed from the cistern and died on the riverbed where a grate “drunk” all water of the river.

The landscape was devastating for our purposes: the stones in the river were as big as our vehicles without possibilities to enter to the riverbed and we were at twelve kilometers straight line and eight hundred meters downhill of the confluence. The hike, in case of attempting would be deadly and nothing guaranteed that the situation upstream was better. Nevertheless, we were thinking to do it anyway.

We still kept the hope that some imperceptible access existed, which allowed our vehicles to reach the farmhouse-like building with many trees that we had detected in Earth Google at four kilometers of the confluence aside the Ampajango river in order to start the hike from there.

We returned to Ampajango hamlet in order to find out some information, and after making a couple of questions, we met the Villanueva family, who were owner of a small ranch in the mountains, near of our goal. Unfortunately they confirmed us that there were no paths for vehicles; the only way to go there was on horseback. Immediately we thought: Why not on horseback? Then we asked Mr. Jorge Villanueva if he could arrange three horses and a guide to go to. It was rather difficult to explain him where we wanted to go.

We expected a “no” for an answer, but out of the blue Jorge answered “yes”. He needed tomorrow morning for procuring them and probably after noon we could depart. It was a bit later according our plans but we preferred not to complain, in case he regret.

We went to Santa María city to find lodging for us as we needed to rest enough. We had now the great hope to do the capture tomorrow. The forecast informed that the next day it would be very cold.

Santa María is a medium size city with a stunning main square; there, we lodged in a hotel in the downtown and had a simple dinner because we had to be light for the next day.

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We woke up very early, with the temperature some degrees below zero and we decided to go directly to Ampajango to gently “push” our friend Jorge Villanueva in order to move forward the departure.

We detoured us a little travelling the towns of Lampacito, Famatanca and Andalhuala, where we had the opportunity to meet the second highest cardon of South America.

By a blurry track we could move from Andalhuala to Ampajango, where we arrived near ten o’clock. Naturally, our horses weren´t ready yet. Jorge informed us that they’ll be prepared soon, so we started preparing our backpacks. At eleven o’clock horses appeared and half an hour later, we ridded the horses and departed from there, being at fourteen kilometers straight line of the confluence.

We would need to have much luck to reach it and returned not too late, with sunlight. We weren´t ready to pass a night outdoor in the mountains supporting very low temperatures.

Slowly, with an average velocity of between 4 and 6 kilometers per hour, the caravan of novel riders went ahead to the confluence: first we passed through the cistern area explored the day before, and from there we climbed by the ridges of northern coast of Ampajango river by a track for animals that went up without rush but without pause in east course.

We started from 2100 mosl and we had to climb up to 3200 mosl if we were lucky. We saw the Ampajango river many meters below us with water running very fast, revealing the strong slope of the riverbed. It was very adrenolytic to see the precipices aside our path, depending our lives of the good skills of the horses.

An important tributary branch of the Ampajango river complicated our trip because it forced us to descent to the riverbed and then go back to go up to the ridges. Jorge gave us the order to come down of the horses for safety. Both, uphill and downhill, were very rugged as doing on horseback without risks. At eight kilometers of the confluence a small farmhouse surprised us. It was inhabited in the middle of anywhere but we continued without stopping; our time to spend was very limited.

We arrived to another small farmhouse, now uninhabited where Ampajango river detoured to the north and a small tributary pointed to the confluence, already at six kilometers ahead. We forded the river and followed along the tributary, first by the southern ridges where the animal path ended and another small desert ranch was (interesting for an eventual lodge). From there, we went upstream by the riverbed but very slowly because without previous path, the horses walked with difficulties. At four and half kilometers we decided to leave the horses for resting and we continued by foot.

Actually, we had enough time to return with sunlight if there wasn´t any complication but we decided to go anyway although we know that would be impossible to walk 4.5 kilometers ascending 400 meters in two hours. In the previous confluence 28°S 66°W, for making approximately the same distance we spent more than four hours, and on that momento we had available a little more than two hours and half of daylight to return without the risks of riding horseback at nigth or sleeping outdoor with some degrees below zero.

Finally we could advance a little less than one kilometer by the riverbed which ranged from wide zigzagging channels to narrow gorges when an unsurmountable obstacle stopped us, at least for our available time: a vertical waterfall of three meters of height. It was game over at 3.7 kilometers for this attempt. Thinking it over, probably the obstacle was a good luck sign, because it stopped to enter in potential big problems.

We returned to the place where we had left Jorge and his horses. He was very worried because he didn’t believe that we would return so quickly. We retraced exactly our steps with no glory. The last kilometers were hard because it was dawn and then the cold and the tiredness of the novel riders made us wish intensely to arrive as soon as possible. We reached Ampajango at night.

Finally it was a successful defeat: even though we didn’t reach the confluence, we did an unforgettable experience riding along the mountains by unbelievable landscapes and, besides, we knew how to do it if we can attempt it again.

We left Jorge with a warm greeting, recognizing his valuable contribution for our adventure and then we returned to Santa María for dinner and a deserved sleep because of our innovative adventure on horseback.

Undoubtedly, we’ll return next year, after summer rains, better prepared to have success.


 All pictures
#1: La confluencia está sobre este afluente cuatro km más adelante - Confluence is on this afluent four kilometers ahead
#2: Cabalgando hacia la confluencia -Riding to the confluence
#3: Evidencia GPS (Perdón por la mala foto) - GPS evidence (Sorry by the blurred picture)
#4: Transitando el río Ampajango - Circulating by the Ampajango river
#5: Nuestro guía, Jorge Villanueva - Our guide, Jorge Villanueva
#6: Regresando casi al anochecer - Returning almost at dusk
#7: El track verde indica hasta donde llegamos a 3.96 km de la confluencia - Green track shows until we arrived ay 3.96 km of the confluence
#8: Transitando el río Ampajango - Circulating by the Ampajango river
#9: Segundo cardón más alto de Sudamérica - Second highest Cardon of South America
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